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9 DÍAS CON CERAMI

De María Santamarina

Esperé con muchas ganas la llegada de Vincenzo Cerami a Buenos Aires. Siempre es fascinante conocer a un autor cuando sus obras han logrado conmovernos. ¿Quién es esta persona que ha tocado la fibra más íntima de mi ser? Sucede algo muy intenso entre el escritor y el lector / el cineasta y el espectador cuando se encuentran. Mismo si este encuentro sucede en las sensaciones o emociones que suscita la obra, en la semiótica, en los conceptos que se plantean, en la historia que se cuenta...y casi nunca personalmente. De alguna manera, y aunque sea a destiempo, vibran juntos. Vincenzo Cerami, que se define como un contador de historias, un narrador, me conmovió como lectora y como espectadora. Busqué su foto para conocer su cara, cosa que hago siempre con los autores que leo. Me gusta mirar la expresión de los ojos, como aceptando el desafío al que me convoca: sumergirme en su obra hasta llegar a identificarme en ella. Yo también pongo mi foto en los libros que publico. Es una forma de dar la cara, de asumir la responsabilidad de mis palabras, avalando mis versos y entregándolos al posible lector con la mirada. Esperaba a Cerami, porque me gustó su forma de ver la vida, de percibir... Su mirada de las cosas es de alguna manera transformadora, redime la realidad. Esa fue la sensación que sentí con la película La vida es bella: el amor de un padre que quiere que su hijo sobreviva ileso al horror del Holocausto. Me da pena que muchos no lo hayan comprendido así. Cerami no me defraudó. Simpático, espontáneo, de una gestualidad de lo más elocuente, lleno de humor, de una lucidez mental increíble, sencillo, amable, curioso, sensible, apasionado, creativo, generoso con su pensamiento, vital, lleno de entusiasmo... El ganador del Premio Viajes con mi Cuaderno 2003, llegó a Buenos Aires con su encantadora esposa Graziella, (reconocida filóloga, sobrina de Pier Paolo Pasolini, quien fue actriz, y que actualmente dirige la Fundación Pasolini,) y con su cuaderno. Ignoro lo que se llevó escrito en él, pero en cambio puedo atestiguar lo mucho que dejó a sus interlocutores y oyentes argentinos. El primer evento en que participó Cerami fue una Mesa Redonda cuya temática fue: “La diversidad cultural ante la globalización”. Tuvo lugar en la Universidad de Bologna de Buenos Aires. Allí dialogó con intelectuales argentinos, escritores, cineastas, periodistas... Fue presentado por el vicedecano de la Universidad, el Dr. Vicente Donato y luego quien coordinó la reunión fue el presidente del Instituto de Economía Cultural de la Nación, Lic. Ignacio Smith, quien rescató el concepto de identidad cultural y diversidad a partir de una anécdota de Cerami con su profesor de literatura Pier Paolo Pasolini; a quien le preguntó cómo se hacía para sentirse bien en la vida. Pasolini le respondió: “Siendo diferente”. Cerami ante este concepto planteado afirmó que para él ambos términos eran sinónimos y que “la identidad es el fruto de la diversidad.” Luego de su exposición, Cerami entabló un diálogo con los participantes, diversidad de opiniones, entretenidas respuestas de Cerami quien demostró tener una asombrosa habilidad para adueñarse de la escena. No recuerdo casi las preguntas pero cierro los ojos y veo los suyos encendidos, el movimiento incesante de sus manos, y entre sonrisas, sus conceptos que va poniendo sobre la mesa de un modo casi provocador... cuestionando... haciendo pensar a sus interlocutores... Eso me gustó de Cerami, invita a participar, te desafía a pensar con él, te reta al debate, te confronta con el problema, no acepta la indiferencia... te obliga a sentir con él. Esa noche fue agasajado con una comida en la residencia de la Sra. Graziella Crivelli dónde disfrutó de una liadísima casa con una magnífica vista urbana al Río de la Plata, siguió conociendo a los argentinos, a los artistas, a cómo se vive en Buenos Aires y a la familiaridad que hay con los italianos. Ambos se sorprendieron de esta hospitalidad y disfrutaron de una cena maravillosa para ochenta personas. No me extrañó descubrir que Cerami es un fanático del fútbol cuando le mostré desde el auto la cancha de River Plate. A la hora de los goles, él es uno más con el resto de la hinchada para alentar a su equipo y cuando está lejos, lo mira por T.V. En el MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) que con sus últiples actividades se ha convertido en un importantísimo centro cultural de Buenos Aires, y que co-organizó con Intramuros este evento, Cerami también fue uno más entre el numeroso público que colmó el auditorio; jóvenes en su mayoría que hasta se sentaron en los escalones para oírlo. Él se sintió cómodo, a gusto entre ellos y no le costó integrarse. Conquistó a su audiencia porteña. Fue presentado como artista de muchos recursos por el director de Intramuros, Beltrán Gambier, quien hizo alusión al planteo de Cerami de que la realidad sólo puede contarse con mentiras, concepto que también tenía Picasso, y que está ilustrado en la película La vida es bella y que sirve no sólo para interpretar el pasado sino también para mirar el presente. Y los tres miembros del jurado restantes le dimos la bienvenida y hablamos de su trayectoria. Soledad Costantini, directora del Departamento de Literatura del Malba, que ha traído a Buenos Aires a escritores de la talla de Vargas Llosas, Carlos Fuentes, Paul Auster, y que se reconoce una admiradora del cine de Cerami, pues se emociona con sus películas, le entregó un diploma alusivo y luego se proyectó un corto con una selección de las mejores escenas de sus películas que fue muy aplaudido. Y bajo la consigna “Escribir y filmar: strategias de la memoria” el historiador de cine Fernando M. Peña entrevistó a Cerami que terminó con un diálogo abierto con el público. Le gustó la numerosa concurrencia. Le gustó la calidez de los argentinos. Siempre contento y de buen humor, bien dispuesto a la hora de entrevistas y reportajes, Cerami parece divertirse con lo que está haciendo, y eso es muy lindo, transforma el trabajo en un juego, en algo entretenido, disfruta de la vida y hace que los demás también disfruten. Por eso tal vez, como en un juego se desdice, hace marcha atrás, reconoce cuando fallan sus estrategias. Así lo hizo esa noche luego de una comida íntima con los jurados del premio y la familia Costantini en que todos distendidos luego de los eventos previos, celebrábamos con buenos vinos y muchísima risa. “Debo reconocer -dijo Cerami- que esta noche me han tirado abajo el concepto de cómo hacer humor.” Durante la conferencia, Cerami había dicho que el humor se introduce de costado... en forma muy sutil. El personaje que dice algo gracioso no debe mirar de frente a la cámara ni hablar con gracia, sino casi con seriedad para no adelantar que va a hacer un chiste y de esa manera, sorprender. De lo contrario deja de ser gracioso. “No he parado de reírme con Ignacio (Smith) y hace todo lo contrario a lo que yo dije en la conferencia que había que hacer. Te mira de frente cuando te cuenta un chiste, con mirada graciosa como anticipándolo y antes de terminar de contarlo, él mismo se empieza a reír a carcajadas contagiando a todos los de su alrededor. Qué simpático, cómo me he divertido esta noche.” El paso de Cerami por B.A. me llevó a la siguiente reflexión ¿A quién había conocido? ¿A quién estaba conociendo? Conocer a Cerami era para mí y para muchos que se acercaron a él, redescubrir mi propia identidad cultural en la diversidad y reafirmarla. Y valorar la riqueza del encuentro de culturas y etnias que se produce con la globalización o contaminación, como él la llama, de la sociedad que hoy vivimos. Cerami quedó encantado con Buenos Aires y no es para menos con el trato de privilegio que recibió del director de Intramuros, Beltrán Gambier, que con su idoneidad y dedicación lo acompañó en esta recorrida por la ciudad y su gente, ayudándolo a descubrir la ciudad también desde adentro. Luego vino el viaje a España. Como jurado me tocaba anunciar al ganador del Premio Viajes con mi Cuaderno 2004 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Como argentina, me siento siempre muy a gusto en Madrid, como en mi casa, al fin y al cabo España es nuestra madre patria y la lengua es lo que me permite sentir esa pertenencia a pesar de las diferencias que encuentro alucinantes como la pronunciación. Seguí viendo a Vincenzo de alguna manera como anfitriona, por ser colaboradora de Intramuros, quien lo había premiado y noté cómo por lo que significa la distancia quizá, se apreció más su visita aquí en el sur dónde nada es demasiado accesible. El IV Encuentro Italo-español de Literatura del Yo, organizado por el Círculo de Bellas Artes y el Instituto Italiano de Cultura tuvo lugar en el mismo Círculo. Un verdadero privilegio para Intramuros, que lleva diez años editando la revista y organizando anualmente varios de estos encuentros sobre Literatura del Yo, ya que el Círculo, para quienes no lo conocen, es el lugar de la movida intelectual de Madrid, y es sin duda el ámbito cultural más serio y cosmopolita que hay. Este año, como suele hacerse, se eligió un país, Italia, con Cerami, y un tema, la reconstrucción de la memoria y el cine. Durante el Encuentro, me tocó la grata tarea de anunciar al ganador del Premio Viajes con mi Cuaderno 2004 que es Amos Oz. Esta vez Cerami como presidente del jurado estaba a mi lado, ya que yo también fui jurado y ya no enfrente, como el dicertante. Fue también una experiencia rica ese cambio de lugar, estar al lado de un creador, como colega, sentí contención y a la vez incentivo para canalizar toda mi energía creativa y quizás por eso me gustó tanto el diálogo entre Cerami y David Trueba, el joven y exitoso cineasta español que con un discurso casi Zen dejó de lado todo protagonismo renunciando a su yo para ceder generosamente un espacio a Cerami. Mantuvieron un diálogo maravilloso y fue maravilloso ver a estos artistas que lejos de competir se potenciaban. Durante esa semana se mostraron películas de ambos en el Círculo. La mesa redonda con que terminó al día siguiente el encuentro versó sobre el tema de la autobiografía, cremallera. María Sheila Cremaschi, editora de Intramuros y presidente de AxA, quien tuvo a cargo la dirección general y la coordinación del encuentro, tarea nada sencilla si se tiene en cuenta los diferentes países que intervinieron y la cantidad de personas que se trasladaron a ambas ciudades, dijo en la introducción que la autobiografía es un género que sigue recibiendo más conciencia por su carácter testimonial, de verdad. Y afirmó que según Flaubert “Madame Bovary cést moi” por lo tanto todo lo que se produce es autobiográfico, testimonio del mismo yo. Siguió diciendo que hay que tener en cuenta que en una Europa que intenta expulsar cualquier forma de nacionalismo, las afirmaciones con el uso de la primera persona son testimonios de nomadismo, de diásporas, de búsqueda de identidad más que identidades definidas, asumiendo así un valor positivamente ideológico. ¡Bravo Sheila! Maravillosa organizadora, siempre con miles de inquietudes e ideas, y llena de energía para ponerlas en práctica, movilizando a todos a su alrededor para que “hagan” con ella. Se disertó acerca de escritos autobiográficos que viven en circuitos editoriales famosos y los escritos marginales. La escritura del yo vive de cambios, de diálogos, es un proceso dinámico. Esta búsqueda nos lleva a imaginar una cremallera jugando con la técnica del encastre. Beatrice Barbalato tuvo un rol muy destacado en estos días en Madrid. Fue quien propuso a Cerami para el Premio y por eso fue quien lo presentó y presentó también su nuevo libro que escribió sobre él llamado Le récit et la scène. Profesora de la Universidad Católica de Louvaina, responsable científica del Archivo del Patrimonio Autobiográfico de Bélgica, es también la directora de la sección italiana del proyecto de la Unión Europea: Creaciones de voces Comunitarias. Para terminar el evento se volvió al punto de partida: Cerami, que conversó con Ignacio Smith acerca de las diferencias del lenguaje literario y el cinematográfico de los guiones donde prevalece la imagen y no hay descripciones ni es posible expresar el pensamiento de los protagonistas. Fue un diálogo amistoso y fluido donde no faltaron el humor y la simpatía. En este momento intento elegir uno de estos dos lenguajes para despedirme de estos 9 días con Cerami. Elijo el literario, quizás por costumbre. Pues con qué imagen, si no ,podría mostrar a modo de descripción esta sensación de satisfacción y plenitud que me embarga... toda esta riqueza nueva que siento a flor de piel y que rebasa... este entusiasmo ante todo lo que se ha despertado dentro mío... esta gratitud a este señor que tanto nos brindó en estos 9 días... La editora de Intramuros, Sheila Cremaschi, cerró el encuentro, me atrevo a decir que muy satisfecha por todo el esfuerzo realizado que superó los logros esperados. La despedida tuvo lugar el día sábado en la residencia de Sheila Cremaschi y Beltrán Gambier, quienes abrieron su casa con inusual calidez, celebrando con una magnífica cena este encuentro con la literatura del yo, un yo que, como dice Rolin, es múltiple, poco enfocado en sí mismo y su existencia se define por sus relaciones con los otros miembros del grupo, un yo formado por el mundo, tramado con su diversidad, un entretejido, una red, una cremallera...