Berlín


Alexanderplatz es uno de los grandes mitos de Berlín. Pero el que visita este lugar debe abrigarse porque se trata de un mito frío que apenas concede espacio a la melancolía o a lo sentimental. El mito traza su camino con vitalidad y quizá un pragmatismo inteligente y a veces glorioso. Su fuerza se inscribe en las líneas de César Antonio Molina, viajero de espíritu fino y gran conocedor de la literatura alemana.

 

De alguna manera, la actual discusión sobre el centro de Berlín se debe entre otras cosas a la necesidad de dar a la ciudad una imagen consistente. Porque los berlineses apenas tienen problemas con el centro, pues cada barrio posee sus referencias, sus calles, en fin, su identidad. Este fenómeno, seguramente señal de vitalidad, tiene que ver con la capacidad de hacerse su casa en casi cualquier tipo de circunstancias. Que hasta en el llamado último rincón, entre fábricas y autopistas, haya alguna huella de civilización, se debe a lo que antes se llamaba el proletariado. Katja Lange-Müller, escritora berlinesa (1951), es entre muchas otras cosas la cronista del barrio Wedding, al que tradicionalmente temía la burguesía por su militancia política.

 

El espacio urbano de Berlín nunca es plano ni uniforme. Sus paisajes provocan las más variadas reacciones, que unas veces se corresponden con las columnas nobles del Alte Museum y otras con el placer lúdico de una fachada de colores, estilo pop. En estas calles donde se unen los diferentes polos se mueve el poeta Durs Grünbein, que desde sus comienzos buscó el diálogo con lo clásico y la percepción exacta de la vida cotidiana. Es un avezado paseante, un "flaneur" llevado de la mano de Walter Benjamin por las calles de Berlín, igual que por el pensamiento poético o las lenguas clásicas. El tono de elegía ya denuncia su guerra personal con el presente. Durs Grünbein nació en Dresde en 1962 y vive en Berlín. Es uno de los grandes poetas de la literatura alemana actual.

"Mi gusto por explorar la ciudad con ayuda del transporte público se lo debo a una distracción al subir al tranvía. En otoño de 1983, recién mudada a Berlín, subí en la parada Kupfergraben, detrás de la Humboldt-Universität, al número 71 en lugar de al número 70, que me debería llevar a la Schonhauser Allee". Esta acción gratuita de un paso que se pierde llevará a Annett Gröschner, nacida en 1964 en Magdeburg, a una expedición de dos años por el paisaje urbano de Berlín. Su mirada etnográfica, su capacidad de extrañamiento ante lo cotidiano genera una especie de cuaderno de viaje cuyos protagonistas son las personas fuera y dentro de los autobuses y tranvías de la ciudad.

Entre otras cosas lo que más destaca de la línea brutal del muro es su función como dispositivo para dejar en blanco en el oeste cualquier tipo de conocimiento preciso y detallado sobre el este. Los raros encuentros entre los vecinos, los habitantes de los dos Berlines, estaban marcados por una gran inseguridad. Muchas veces se imponía un cierto tono de consolación arrogante, o el intento desesperado de fingir normalidad. El escritor Thomas Brussig, que nació en 1965 en la capital de la RDA, expresa perfectamente la situación emocional después de 1989: "Yo me crié en la RDA. ¿Acaso por eso no debería gustarme recordar mi infancia?" Su novela Avenida del Sol es la biografia de un lugar a la sombra del muro que comienza con su nacimiento.