Berlín

 

El espacio urbano de Berlín nunca es plano ni uniforme. Sus paisajes provocan las más variadas reacciones, que unas veces se corresponden con las columnas nobles del Alte Museum y otras con el placer lúdico de una fachada de colores, estilo pop. En estas calles donde se unen los diferentes polos se mueve el poeta Durs Grünbein, que desde sus comienzos buscó el diálogo con lo clásico y la percepción exacta de la vida cotidiana. Es un avezado paseante, un "flaneur" llevado de la mano de Walter Benjamin por las calles de Berlín, igual que por el pensamiento poético o las lenguas clásicas. El tono de elegía ya denuncia su guerra personal con el presente. Durs Grünbein nació en Dresde en 1962 y vive en Berlín. Es uno de los grandes poetas de la literatura alemana actual.

Hora de verano


Una tarde suave de marzo, nada más introducirse la hora de verano, la luz del día se alarga, se alarga cada vez más. Con la ventana abierta escucho el gorjeo de los pájaros como no lo he escuchado hace tiempo, un claro y alargado gorjeo de pájaros en medio de Berlín, que recuerda al de los claros del bosque. Por un tiempo se dilata el día, hacia tales profundidades del espacio arrastran las voces de los estorninos, los pinzones, los paros, los mirlos. Podría ser un mediodía hace 40 años, canto de pájaros en una ciudad vaciada por la guerra sobre las montañas de cascotes, en los infatigables trenes de desescombro, alrededor de un rellenado cráter de bombas. O un crepúsculo cien años más tarde, entre las fachadas cristalinas de los rascacielos en el desierto centro de negocios. O en el año 1207, ante las puertas de una ciudad al norte de los Alpes... ¿me oyes, Walter? Te escucho bien en este fondo sonoro pájaros-ante-el ocaso. ¿Y tú, Jannequin? ¿No son tus corales de pájaros conciertos al aire libre de la gran sinfonía a la eutanasia, los santos óleos para los últimos sones de la tarde? El tiempo se detiene, y yo aguzando el oído... ¡hombre, Walter!... tantarantan.

En: Katja Lange-Müller (ed.) Bahnhof Berlin, © 1997 Durs Grünbein c/o Deutscher Taschenbuch Verlag, München

 

Elegía de septiembre


Otoño, el hacedor de la lluvia está aquí. Delante de la ventana los trenes de lejanías barren
Al pasar con su aire las gotas de la barandilla ante las vías.

Avanti, hacia el año nuevo. Quizá el invierno traiga la bendición.

Temprano en el espejo, ¿hay alguien? Después de cepillarse, ¡apretar los dientes!

Septiembre, el otoño, mete la mano bajo la camiseta, tira de los pelos.

Más dura la luz, consigue que las miradas blandas del verano

Se rompan por doquier contra los bordes cortados. "Camarero, dos aguardientes".

En el parque municipal o en la montaña se alcanza enseguida el lindero del bosque.

Viento que sube, viento que baja, desde ahora el centro de la ciudad se aleja de los suyos.

Tapada con banderas grises, socavada por los túneles del metro,
Invita al retiro hasta que se pierden los pasos en la tarde.

Turbia perspectiva ser tragado por la oscuridad, proscrito
Por un tiempo que obliga al arresto domiciliario, por el hormigón gris,
Apenas distinto de las palomas. Uno se levanta entumecido,
Entra en el día con coraje y desaparece como sonido en el sonido.
Terminus, escucha, el dios con el casco que hace invisible, carraspea y respira,
Pisando los talones. Vaporiza sus gérmenes entre todos y nadie.
Gripe y terror, es el lema por el que se conoce al prójimo.
Alguien apalea -¡sal, enemigo!- su almohada.
Entre todos los bacilos, sarcasmos, ay, te sientes como un gato ronroneando.
Mordedura de ratas en la helada, asombro de cómo el tiempo apisona todo.
Justo así. ¿Entonces no es el amor este aerosol embriagador
Que hace del tambaleo una clase de baile, en el calendario un alto?

En: Durs Grünbein Erklarte Nacht, © Suhrkarmp Verlag, Frankfurt am Main, 2002.