Berlín

En pocos lugares se cita con tanta frecuencia la memoria histórica de la ciudad. Y ello a pesar o, tal vez, a causa de la destrucción casi total de lo que significaba la identidad de Berlín. Primero los bombardeos de los aliados para terminar con el nacionalsocialismo y después, en los años 50, cuando la ciudad antigua o mejor, sus restos a veces notables, es una vez más víctima de un conflicto meramente sustitutivo: la negación de un pasado en ruinas. Desde aquellos años, los conceptos, estilos y convicciones sobre cómo llenar el espacio vacío han sido múltiples. Hans Stimmann, director jefe de Arquitectura y Urbanismo en el Ayuntamiento de Berlín, orienta desde la caída del muro el destino urbanístico y arquitectónico de la ciudad.



La historia urbana de Berlín es una historia de destrucciones tanto a causa de la guerra como por la planificación de la posguerra. La textura urbana fue rehecha una y otra vez para adaptarla a los nuevos conceptos fundamentales. Ello ocurrió sobre todo en la época que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Y es que después de 1945, Berlín era una ciudad con una especial y decidida voluntad de demolición, y no sólo de los edificios contaminados políticamente; también para llevar a cabo la superposición de una red de autopistas sobre el antiguo plano de la ciudad y para la sustitución de la pequeña propiedad privada por la propiedad de sociedades comunales. Arquitectos, urbanistas, políticos de la posguerra vivían en el este y el oeste con odio al pasado y confianza en el progreso.

... Berlín se había convertido en 1989 en una cantera del urbanismo y de la historia de la arquitectura nacionales e internacionales.

 

Junto a los vestigios del Berlín guillermino y del III Reich querían borrar también los restos urbanos del mundo burgués, para cimentar de esa manera una nueva y justa sociedad sin explotación ni especulación del suelo. Después de haber convertido en ruinas la ciudad, los urbanistas de la posguerra en el este y el oeste hormigonearon sus ideas radicales en el plano histórico de la ciudad. Además Berlín era durante los decenios de la separación la arena de una ambiciosa competición de sistemas en materia de urbanismo y arquitectura. Los dos sistemas políticos en liza tenían en común la decisión de destruir la estructura existente de calles y plazas, así como la casi total demolición de los edificios viejos y el cambio de situación de la propiedad privada. Con el nacimiento de la nueva época el Berlín del pasado habría de convertirse en una ciudad nueva, dependiendo de cada color político, pero en cualquier caso una ciudad hecha para el coche. Una forma de destrucción especialmente brutal representó la separación urbanística y funcional del centro histórico por la construcción del muro en 1961. El fundamento de la demolición cotidiana lo constituyó en el este de Berlín la Ley de Reconstrucción de la RDA, que posibilitó la utilización sin trabas del suelo privado. El objetivo principal de la nueva organización del centro fue la planificación del núcleo del poder de la RDA en la zona del palacio y más hacia el este, y también la planificación de la avenida Stalin. Para la realización de estos pretenciosos planes se destruyó la antigua organización de calles y plazas. Con conceptos estéticos opuestos pero igual de destructivos para la ciudad se construyó el barrio Hansa en la Exposición Interbau 1957 y poco después se empezó con la construcción de la red de autopistas urbanas, con las tangenciales del sur, del oeste y del este. La furia demoledora de ambos sistemas se manifestó con ejemplar claridad, por un lado, en el concurso convocado por el gobierno de Bonn y el Ayuntamiento de Berlín Oeste en 1957/58 con el título: "Berlín Capital"; por otro, en el concurso de 1958 del gobierno de la RDA para la modificación socialista del centro como capital de la RDA. Por fortuna para la ciudad, lo que fue voluntad política interna, a la vez que propuesta de la élite nacional e internacional de los arquitectos, no se pudo realizar en su totalidad.

Hoy día una serie de fragmentos de diversos conceptos urbanísticos confieren su carácter a diferentes espacios de la ciudad. La lista de ejemplos urbanísticos y arquitectónicos, en parte sensacionales y convincentes, en parte aburridos, es de todos modos igual de larga que la de las pérdidas. Por orden de Walter Ulbricht volaron primero el Palacio Urbano Berlinés/Berliner Stadtsschloss (1950), y después la Academia de la Construcción de Schinkel. Poco después en Berlín-Oeste tenían el mismo destino las grandes estaciones, Anhalter Bahnhof y Postdamer Bahnhof.

Para la edificación sin escala entre la torre de televisión y el Palacio de la República se borró literalmente el casco antiguo de la ciudad. Todavía a finales de los años sesenta se derribó el segundo núcleo fundacional de Berlín, Alt-Cölln con la iglesia Petri Kirche y ciertas mansiones patricias para construir rascacielos de 22 plantas. A la destrucción de la Friedrichstadt siguió la construcción de la Leipziger Strasse en el Este, como respuesta a la edificación del Springer-Hochhaus en la Jerusalemer Strasse del Oeste. Después de más de 40 años de planificación y construcción, Berlín se había convertido en 1989 -sobre todo en el centro- en una cantera del urbanismo y de la historia de la arquitectura nacional e internacionales. Apenas se podía hablar de una textura común que unificara al centro. La ciudad había perdido en el momento de la reunificación una gran parte de su memoria. El centro histórico se convirtió en Berlín-Este, el Oeste elegante en Berlín-Oeste. Esa historia de la destrucción se está disfrazando hasta hoy con el lema de Berlín como Lugar de lo Nuevo. En la competición ilimitada de los sistemas por crear la ciudad nueva, la nueva sociedad, el progreso; en la búsqueda de nuevas formas de organización y orientación urbanísticas, se perdió poco a poco lo que, en el centro, había constituido la metrópoli europea. La dimensión de la pérdida la siente todo berlinés cuando vuelve de visitar una metrópoli europea, urbanísticamente intacta.

Con ese trasfondo, después de la reunificación comienza en Berlín un proceso de amplio análisis de lo existente y de sus huellas históricas, con la ciudad como memoria construida de sus habitantes.

En: Hans Stimmann (ed): Von der Architecktur zur Stadtdebatte. Die Diskussion um das Planwerk Innenstadt © Verlaghaus Braun, Berlin 2001.

Hans Stimmann es Director Jefe de arquitectura y urbanismo en el Ayuntamiento de Berlín y autor de numerosos artículos y libros; participa apasionadamente en la discusión sobre la futura cara de Berlín