Berlín
A finales de mayo la diputada del PDS en el Bundestag Angela Marquardt (30 años) recibe la noticia de que en la Gauck-Behorde, institución donde ahora se guarda la documentación de la Stasi, la Staatssicherheit (Seguridad del Estado), hay actas que la califican como Inoffiziellen Mitarbeiter (IM), colaboradora no oficial. A los 15 años había firmado un acuerdo de colaboración como IM, hecho que no puede recordar. "Leo las actas día a día, hora a hora". Así es la vida de Angela Marquardt desde que le imputan haber trabajado para la Stasi. Ella se da cuenta de que la Staatssicherheit ya desde muy joven la había utilizado y de que sus padres y sus amigos la habían traicionado.

Angela MarquardtEstaba sentada en la Gauck-Behörde, en la Otto-Braun-Strasse de Berlín. Leía en su acta de la Stasi la verdad sobre su vida, alrededor de cien páginas de papel. Volvía a vivir otra vez su niñez y su juventud. Pero lo que se abría en la sobria sala de lectura entre el laberinto de las actas sólo era una verdad.

La otra verdad está en su mente, en su memoria, en su subconsciente, reprimidas algunas cosas, enteramente olvidadas otras. Muchas veces una verdad no tiene nada que ver con la otra. Con eso se está rompiendo la cabeza. "Estoy completamente atónita, incapaz de hablar, enfurecida y triste", así lo describirá más tarde. "Tengo que explicar las cosas que no puedo explicar".

Angela Marquardt insiste obstinadamente en que no había trabajado nunca conscientemente para la Stasi. De eso está segura al cien por cien. "No me puedo acordar de haber recibido un solo encargo. No he quedado nunca en un piso para conspirar. A mi modo de ver no he hablado con la Stasi, sino con mis amigos o con los amigos de mis padres". Pero ¿qué significa una seguridad al cien por cien, si Angela Marquardt, tras haber declarado tres semanas antes que no había firmado nunca un acuerdo de colaboración como IM, unos días más tarde encontró el documento entre sus actas, escrito por ella misma, el 3 de abril de 1987? "Para mantener en secreto la conspiración elijo el seudónimo "Kathrin Brandt", se puede leer allí.

"Es mi letra - dice Angela Marquardt- pero no me puedo acordar".

De nuevo unas frases que la deben torturar, que dejan entrever la consternación que sufre. De repente tiene que leer en las actas que la Stasi la había utilizado para sus planes; que sus padres habían ayudado en eso a la Stasi; que conversaciones con su amigo Jörg se reflejan en las actas como encuentros conspiratorios; que Jörg no era sólo su amigo sino también su Stasi-Führungsofizier, el responsable oficial del aparato.

Sobre la firma del acuerdo ha obtenido una explicación. Le ha contado su madre que le habían dictado el texto. Fue cierto tipo de acuerdo para guardar silencio. Sobre eso quedó en su memoria sólo una conversación en su casa, en la cocina del piso de los padres en Greifswald. "Me llamaron. Mis padres estaban sentados allí con dos amigos. Yo los conocía y sabía que trabajaban para el MfS. Me explicaron que no debería hablar con nadie sobre sus visitas a casa y que no les debía saludar en público".

"Estos encuentros eran normales para mi", dice Angela Marquardt hoy.

"Pertenecían a la vida cotidiana. Empezaron cuando tenía 9 o 10 años. Dos hombres solían venir a menudo y hablaban con mis padres. En esos días no podía invitar a amigos y tenía que cuidar a mis hermanos pequeños. Era normal". En algún momento Angela Marquardt se dió cuenta de que los hombres trabajaban para la Stasi. Para ella fue algo normal. Nada de pacto con el diablo. "El padre de mi mejor amigo era del MfS, el padre de mi compañero de fútbol también. El MfS era un puesto de trabajo como cualquier otro". En su entorno social nadie hablaba mal de la Stasi.

Lo que no sabía en esos momentos era que los encuentros de los dos oficiales con sus padres tenían también un carácter profesional. Su madre, profesora de Instrucción Cívica y Alemán, que trabajaba además en el teatro de Greifswald, y su padrastro, que también trabajó en el teatro de Greifswald, fueron colaboradores no oficiales IM de la Stasi. De eso tuvo constancia Angela Marquardt enseguida después del cambio en 1989.

En general parece que su biografía y su situación familiar ofrecían a la Stasi una posibilidad ideal de enganchar desde muy pronto a la joven Angela Marquardt a sus planes. Ya en el tercer curso se había decidido a hacerse oficial del ejército, de la NVA. Creía poder realizar su sueño de una carrera en el judo. "En el judo era una persona diferente. No contaba lo que me ordenaban, sino lo que yo estaba dispuesta a dar". Angela Marquardt no dice que las actas mientan. Pero su verdad es a menudo diferente de la que se lee sobre el papel. En el acta se lee por ejemplo que su superior le había mandado a asistir a un encuentro como autoestopista en la F96.

Angela Marquardt"Naturalmente estuve en el coche", dice, "pero sólo porque Jörg me había ido a buscar a judo. El gimnasio daba directamente a la F96".

Mirando las actas, Angela Marquardt también tiene que darse cuenta de que sus padres planificaron su futuro conjuntamente con los hombres de la Stasi. Después de cerrarse su camino como oficial de deporte, porque el ejercito NVA no tenía previsto contar con mujeres para este trabajo, la Stasi aconsejó en el verano del 89 la carrera de Teología para la hija.

Tras algunas dudas, Angela Marquardt aceptó.

Para la Stasi fue el comienzo de un plan pérfido. De las actas se deduce que su acuerdo de colaboración había de renovarse después de cumplir los 18 años. La Stasi la quería introducir como colaboradora no oficial IM en la Facultad de Teología de la Universidad de Greifswald. La planificación del futuro de Angela Marquardt llegó hasta 1995. "Estoy bastante consternada al conocer ahora, con 30 años, que la Stasi había planificado mi vida hasta los 25, sin haberme dado cuenta de ello", dijo Marquardt.

La Wende, los cambios del 89, la salvan. Angela Marquardt va a manifestaciones, ocupa en Greifswald una casa y termina el bachillerato en 1990. Aterriza en el PDS, el ex partido comunista y el nuevo partido del socialismo democrático. Con sus padres rompe totalmente. El contacto con Jörg V. se pierde. Deja Greifswald.

Angela Marquardt está sentada en la cocina retorciéndose los dedos. Parece cansada y agotada. Habrá contado su historia diez veces ya, pero sabe que nunca mejorará en un punto en el que siempre se ve obligada a justificarse: por qué se había interesado durante los últimos 12 años en el PDS en cualquier historia de la Stasi, salvo en la propia. Por qué nunca había pensado que reprimir la propia historia familiar también hubiera podido tener otras razones que las exclusivamente privadas. Por qué nunca había tenido la idea de investigar si existiría algún acta de la Stasi acerca de ella. "Sé perfectamente que casi todos lo consideran un error", dice. "A mi modo de ver no es ninguna falta".

Sólo por un momento se despertó su interés. Por razones oficiales, se diría. Cuando en 1998 fue candidata al parlamento alemán, Angela Marquardt preguntó a su madre si en su caso podría haber algo con la Stasi. La madre lo negó. "Qué ingenuo por mi parte haberlo creído", explica hoy. "Pero así fue".

En: die tageszeitung, Berlín, 3 de julio del 2002. Colaboración: Barbara Bollwahn de Páez Casanova.
Jens König es periodista del diario die tageszeitung