Berlín

 

Antonio Skarmeta vivió 15 años en Berlín, en una época en que ser "exiliado de Pinochet era más taquillero que ser Robert Redford". Volvió a Chile después de la caída del muro, casado con Nora, una bella berlinesa y ha regresado a Berlín como embajador-poeta, inscribiéndose en la dorada tradición iniciada por Pablo Neruda y Jorge Edwards.



Antonio SkarmetaSu deliciosa novela Ardiente Paciencia, llevada al cine como Il postino (El cartero de Neruda), lo convirtió en el escritor latinoamericano más conocido de la generación post-boom. Allí descubrieron a un poeta lúcido e irónico: "la ironía es un modo de evitar el lenguaje autoritario de un narrador que quiere imponer el mundo". Y tuvieron que esperar diez años, hasta 1999, para leer su siguiente novela, La boda del poeta. En 2001 publicó La chica del trombón, su última novela. Se adivina que estuvo viviendo intensamente.

Su gran droga es el cine, pero "la relación entre la industria y la creación me termina agobiando". Sin embargo, continúa con su premiado programa de televisión "El Show de los libros" y su posterior versión "La torre de papel", para people & arts del discovery channel.


¿Cómo son sus dos berlines: el primer Berlín, el de su exilio, y el Berlín de hoy?

ANTONIO SKARMETA.- El primer Berlín estaba metido en el corazón de la guerra fría pero tenía otra realidad. El segundo Berlín es un Berlín abierto al mundo y eso es muy significativo para el ánimo de la gente.

Recuerdo que la gente de ese Berlín occidental del muro, que era donde yo vivía, gente joven, estudiantes, alternativa, tenía una vaga idea de que todo esto era como transitorio, que en algún momento algo podría pasar y que la ciudad era irreal. Siempre sospeché que esto era erróneo, que la ciudad era real y nosotros éramos los irreales.


El segundo Berlín es un Berlín transformado en capital y, como tal, está proyectando una fuerte imagen de centro europeo, donde convergen el nuevo este y el tradicional oeste. Ahora mismo yo tengo la siguiente sensación: Toda la zona que era de tránsito entre el Berlín Este y el Berlín Oeste todavía está desdibujada y parece ser un tremendo terreno baldío; donde hay algunos edificios que son ya paradigmáticos y emblemáticos del Berlín del futuro, y que ya tienen un amplio efecto sobre los turistas. El mundo ya visualiza en Potsdamer Platz un centro del futuro. Ahora es mínimo lo que hay en comparación con lo que está proyectado, ya sean por ejemplo las estaciones de ferrocarriles; todo lo que hay ahora va a ser una gigantomaquia que va a dejar a todo el mundo con la boca abierta. Ahora lo que nosotros percibimos es el Berlín del futuro, pero al mismo tiempo esta ciudad del futuro está rodeada por todo eso que hay intacto de la ciudad del pasado, es decir, con todo lo que era Berlín Este y todo lo que era Berlín Oeste, y cada una de estas dos ciudades con tanto tiempo de postguerra hasta el momento en que viene la caída del muro, desarrollando su profecía.


¿Cuáles son sus lugares predilectos?


Antonio SkarmetaANTONIO SKARMETA.- Son los de mi primer Berlín. Mis lugares favoritos están en el Oeste, en torno a Savigny Platz, que es un corazón cultural y artístico, con cinco grandes librerías, donde van productores de cine, actrices, actores, periodistas. Son el restaurant Florian de Wim Wenders, Aras Oren, Peter Schneider, Peter Liliental, siempre seducidos por su encantadora dueña Gerty, o el restaurant Il Terzo Mondo, o el bar Zwiebelfisch, donde pasé mi primera noche de exilado y siempre vuelvo.

¿Qué está escribiendo?


ANTONIO SKARMETA.- Estoy pensando escribir algo sobre la embajada y el trabajo de embajador; no un libro importante, una pequeña crónica.

 

Entrevista: María Sheila Cremaschi - Fotos: Beltrán Gambier

María Sheila Cremaschi es editora de Intramuros