Berlín

 

 

Para mucha gente en todo el mundo, el escritor inglés Christopher Isherwood creó una imagen dramática de la decadencia del Berlín anterior a Hitler en su novela Adiós a Berlín (1939). Claro que la mayoría no sabe de la novela, lo que se conoce mundialmente es el musical Cabaret, que para muchos "hizo" Liza Minelli. Pero este don de hacer creer una cosa por otra fue el gran talento del autor durante toda su vida.

Magnus Hisrchfeld

Lo dijo uno de los grandes amigos de Christopher Isherwood (1904-1986), el poeta inglés Sir Stephen Spender (1909-1995), en una entrevista en Londres en 1992. "Siempre fue igual. Nunca cambió a lo largo de su vida. Lo triste de Christopher es que siempre lograba dramatizar la vida de sus amigos ante ellos mismos. Lo triste y fascinante de él es que creaba una personalidad a medida de cada uno, que era siempre una exageración de nuestra propia personaltdad. Esto era muy halagador, claro, pero lo incómodo para cada uno es que podíamos terminar creyendo que en realidad éramos lo que él fabricaba para nosotros.


"Fuimos grandes amigos cuando éramos escritores jóvenes (no tanto de grandes porque no nos veíamos, el vivía en Estados Unidos y yo en Londres), y nos admirábamos mutuamente. Pero Christopher tenía esta facilidad como halagador, como lo hizo con Jean Ross, una muchacha que ambos conocíamos en Berlín, a quien él llama Sally Bowles en la novela Adiós a Berlín. Al final hizo que Jean Ross se pareciera más a Sally Bowles de lo que Jean Ross se parecía a Jean Ross. Esto tuvo un efecto devastador para ella', porque fue hallando que, hiciera lo que hiciera, lo hacía en el rol de Sally Bowles. Sally Bowles era, fundamentalmente, frívola y divertida, pero en cierta etapa Jean Ross se convirtió en una comunista que se tomaba el comunismo muy en serio. Cuando hizo esa conversión pasó a ser muy aburrida, porque dejó de ser el personaje de Christopher Isherwood. La transformación la afectó mucho. Hay otro personaje con quien hizo esto, que era Gerald Hamilton, que fue Mr. Norris en Mr. Norris cambia de tren (la novela de 1935, por la que Isherwood es más conocido, y que retrata esa vida decadente del Berlín de antes de Hitler). "Mr. Norris" era un sinvergüenza, Gerald Hamilton también fue un sinvergüenza, quizás peor que Norris, y se aprovechaba de esa condición. Cuando vino a Inglaterra hacia fines de su vida, los escritores jóvenes y los londinenses de moda rodearon a Gerald Hamilton porque se portaba como Mr. Norris, y a la gente le pareció fabuloso.


"Christopher una vez me dijo que se consideraba un gran halagador. Pero también era tierno y muy leal, un amigo muy confiable. Pero no podía dejar de crear personajes que eran más interesantes que la persona real. Lo extraño mucho."

Este extracto de entrevista se incluye porque es inédita (y porque pertenece al autor de esta nota) para ilustrar el afecto que generaba Isherwood entre sus amigos y en especial en Spender, a quién está dedicada (entre otros) la autobiografía de Isherwood, Christopher and his kind (1976), que marcó el regreso formal a Londres del autor autoexiliado en Los Angeles, California.

Su memoria de Berlín es el material de su novela y del musical, cuya estrofa más conocida (Life is a cabaret, my friend/la vida es un cabaret, amigo mío), dio fama mundial a la Minelli.

Isherwood partió de Inglaterra el 14 de marzo de 1929, rumbo a Berlín por primera vez, luego de haber abandonado la carrera de medicina después de solamente seis meses de estudios. Su compañero de colegio, el poeta Wystan Hugh Auden (1907-1973), lo urgió a viajar a la capital alemana, porque allí podría hallar el amor homosexual que tanto deseaba.


La promesa se cumplió de inmediato. En la boite Cosy Corner (Zossenerstrasse, 7), Isherwood conoció a "Bubi", de carita linda, ojos azules, cabello rubio, y un cuerpo muscular. Fue "el primer candidato que cumplió con el capricho de Christopher de hallar su amor mito". Bubi no era alemán, sino checo de nacimiento, pero sólo hablaba en alemán, "y a través de él podía enamorarse y poseer a toda una nación." La relación que halló en Alemania, dijo luego Isherwood, nunca la encontró entre sus pares ingleses, por sentir vergüenza de enamorarse de un joven inglés.

Esa primera visita a Berlín duró unos diez días, pero le permitió a Isherwood no sólo enamorarse del joven, sino absorber las primeras impresiones, que luego serían reunidas en Adiós a Berlín. Años después, en 1939, Spender escribiría de su amigo: "Quiero escribir sobre los escritores contemporáneos en una era amoral. He decidido escribir el trasfondo real de las historias de Berlín de Christopher." (Diarios, 1939-1983. Londres, 1985) En realidad esto pudo haber sido envidia de Spender, dado que luego confesó que nunca escribió esas aparentes verdades sobre las viviencias de su amigo. Eran amigos por su asociación de juventud y por sus inclinaciones sexuales, además del compartido interés por Berlín y la escritura. Una foto de 1931 los muestra juntos, con Auden. El más alto y apuesto es Spender. Isherwood, de lejos, es el más atractivo de los tres. Auden, el menos. De esa etapa de sus vidas quedó un interés duradero por la capital alemana. Spender volvería en 1946 y 1947 como intérprete con las fuerzas aliadas de ocupación. Isherwood regresó en 1952. Auden se limitó a reiterar referencias a la ciudad en sus escritos.


Una de las experiencias más exóticas del segundo viaje a Berlín de Isherwood, hacia fines de 1929, y al margen de sus encuentros amorosos, fue su relación con el Dr. Magnus Hirschfeld, director de un centro de "ciencia sexual" y de asesoramiento para parejas y personas con disfunciones sexuales, así como tratamiento psicológico para problemas de impotencia. Su primera visita, "que horrorizaba", consistía en un almuerzo con el personal del Institut für SexualWissenschaft, fundado en 1919, en In den Zelten, un edificio con una vista al parque de Tiergarten. El edificio del Instituto de Hirschfeld había pertenecido a comienzos del siglo veinte al violinista Joseph Joachim, un lugar con un ambiente que Isherwood asociaba más con Brahms, héroe de Joachim, que con los "serios estudios sexuales del dueño de casa. En el museo del Instituto había obras de arte de los pacientes, donde se exploraban fantasías como ser la corte de un rey priápico, y grotescas copulaciones homosexuales. Nos parezca o no extraño hoy, lo cierto es que el Instituto fue un centro intelectual de la época. Aparece en los escritos de Arthur Koestler [1905-1983), que no compartía para nada las preferencias sexuales de Isherwood y Hirschfeld, pero utilizó el lugar para elaborar una de sus primeras obras, una enciclopedia de la sexualidad. Hirschfeld fue, en su época, uno de los principales referentes sobre la homosexualidad, que ya entonces había denominado "el tercer sexo". Allí conoció Isherwood al novelista francés André Gide (1869-1951), "en una visita guiada del lugar, personalmente llevado por Hirschfeld." Gide "estaba vestido como El Gran Novelista Francés, con capa y todo", situación, dijo Isherwood, que le acentuó su "galofobia".

Dentro de tantos personajes excéntricos como describe Isherwood, el único que parece testigo serio de su tiempo es un tal Rolf Katz, marxista convencido, economista de profesión y "el único hombre que yo conozca que realmente haya leído, estudiado y digerido a Carlos Marx." Katz aparece brevemente en un pasaje de la novela Mr.Norris... Con él se reencontraría Isherwood en Buenos Aires, adonde viajó el escritor en febrero de 1948, y donde Katz editaba un semanario en versiones en castellano e inglés, titulado el Economic Survey (que durante años, y hasta la muerte de Katz en Bariloche a comienzos de los años setenta, los sucesivos gobiernos argentinos usaron como documento de referencia en todos sus informes.). El reencuentro es descrito en uno de los pocos libros de viaje de Isherwood, The Condor and the Cows (1949).


Isherwood salió de y entró en Berlín varias veces durante los años treinta, durante extensas excursiones por Europa, incluyendo Grecia, Bélgica, Francia, Holanda y Portugal, a medida que crecía el poder nazi.


"En las elecciones dei 5 de marzo de 1933, los nazis no alcanzaron una mayoría absoluta, a pesar de su campaña de propaganda e intimidación. Pero su fracaso no significó nada. El 23 de marzo presionaron al Reichstag para que se aprobara la ley que hizo a Hitler dueño de Alemania. Cada uno de sus pasos hacia el poder han sido legales.... En el Nollendorfplatz y en otras plazas públicas, había altoparlantes que tronaban los discursos de Goering y Goebbels, 'Alemania despierta'... El primero de abril los nazis organizaron su primer boicot a los comercios de los judíos."

Lo que deja la obra de Isherwood y su autobiografía es el testimonio de una época que marcó a muchos europeos. Berlín, para ingleses y franceses, representaba en ese momento el fin de la "respetabilidad" convencional, la superación de lo pacato y puritano, impuesto en sus países. Es importante diferenciar memoria de historia. La obra de Isherwood es un boceto esencial para entender a una sociedad en transformación.


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Foto: Archivo Grete Stern. Gentileza Silvia Coppola

 

Andrew Graham-Yooll (1944), periodista, ha trabajado en las redacciones de The Daily Telegraph y en The Guardian. Fue director de las revistas británicas South e Index on Censorship. En 1933 fue nombrado Fellow en Wolfson College, en la Universidad de Cambridge. Actualmente es Senior Editor del diario Buenos Aires Herald y colaborador de los diarios La Nación de Buenos Aires, y del londinense The Independent.