Especial Palermo
En La luce e il lutto (La luz y el luto) Gesualdo Bufalino escribe que quien pone el pie en Sicilia por primera vez: "no sólo está atravesando el umbral de un paraíso, sino también el de un lugar de sombra y pena. Es en la ventura de esta contradicción donde Sicilia os espera. Es como si, navegando entre Scilla y Cariddi, sobre la estela del barco, surgieran dos sirenas y os tentaran con dos agasajos contrarios: uno celeste, que habla de jazmines de Arabia, sonrisas de luna, playas como mejillas doradas; el otro oscuro, infernal, con mediodías oscuros que caen sobre los senderos y sangre que se seca lentamente a los pies de un viejo olivo. En la relación entre estas dos voces, en su encuentro y desencuentro, consonancia y disonancia, está el secreto doloroso y la riqueza de nuestra historia".

Palermo, capital siciliana cuyo nombre griego quiere decir "todo puerto" por la facilidad de acceso al mar, es un lugar en el que toma forma esa confluencia de luces y sombras, de luto y esplendor. Encrucijada de culturas entre Oriente y Occidente, amarradero de pueblos, lenguas y religiones diversas, la ciudad ha vivido un proceso continuo de conciliación entre elementos diferentes, a veces divergentes, de modo que ha obtenido de ellos un confluir orgánico de voces discordantes, pero no disonantes.

La identitad palermitana es fruto de confluencias e injertos múltiples. Numerosas han sido a lo largo de los siglos las dominaciones soportadas: romanos, bizantinos, árabes, normandos, suevos, franceses, españoles y austriacos; todos han dejado huella de su permanencia.

Pero a pesar de la miscelánea de culturas, la ciudad ha conservado una identidad singular y en cada época ha sabido conjugar lo mejor de las otras gentes con la propia vocación de libertad.

Y el mismo reconocimiento del valor fundamental del concepto de identidad, del hacerse uno a si mismo, nos guía hasta la inversión de la óptica corriente de indagación, haciendo de este modo que Palermo no sea estudiada y analizada desde una observación externa, sino que sea más bien la propia ciudad, a través de sus habitantes, la que piensa sobre sí misma. Por otra parte, la búsqueda de la identidad tiene raíces profundas en la "isola dai tre angoli" ("isla de los tres ángulos") como tema exclusivo de escritores como Pirandello, Tomasi di Lampedusa, Brancati, Sciascia, Consolo y el ya citado Bufalino.

En este viaje sobre las huellas de la cultura palermitana la primera puerta entreabierta se abre sobre el teatro, arte que probablemente corre en la sangre misma del pueblo siciliano, acostumbrado más al rito y a la puesta en escena que a la acción.

De aquí arranca la inspiración la obra de la directora palermitana Emma Dante, figura emergente en el panorama teatral italiano y de aquí surge el trabajo, lleno de atención a la tradición y a la innovación, del trovador-marionetista Mimmo Cuticchio.

Una sección sucesiva propone dos aperturas a dos prácticas visuales de representación del mundo: la fotografía y la pintura, a través de la obra de dos fotógrafos palermitanos, Nicola y Pucci Scafidi, padre e hijo, testimonios de una continuidad siempre dispuesta a innovar, y el espacio dedicado a la cuidada muestra de Vittorio Sgarbi La ricerca dell'identità. Da Antonello a de Chirico, (La búsqueda de la identidad. De Antonello a de Chirico) que se ha estrenado en el Albergue real de los pobres de Palermo.

No falta una sección dedicada a las otras culturas, que prueba la antigua lección arabe-normanda del respeto hacia lo que es distinto, que lejos de convertirse en elemento estraño, es acogido como elemento de riqueza. , poeta de lengua albanesa, atestigua con sus poesías y su actividad literaria la vida de una pequeña comunidad de lengua albanesa que ha conseguido salvaguardar durante más de cinco siglos la propia identidad cultural contra las siempre mayores presiones normalizadoras de la globalización.

El sur, con su lentitud, con sus tiempos y espacios que resisten frente a la tecnificación y a la ley imperante de la aceleración universal, puede por tanto convertirse en parábola y recurso; incluso espía las infecciones creadas por el monoteísmo de la técnica, al que opone la multiplicidad de las voces, de los sonidos, de los colores. Todo confluye, revelando vida, muerte y milagros de identidad diversos y desconocidos. La propuesta es intentar una difusión epistemológica que se oponga a la fanática fe en la toma del dato claro, evidente y eficiente, la posibilidad de abandono a la belleza de algo que se difumina más allá de la mirada.