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Revista Intramuros - Biografías, autobiografías, memorias

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Comentario al numero 20 (Anno X) de la revista italiana Prima Persona – Percorsi Autobiografici (Primera Persona - Recorridos Autobiográficos) dedicado al tema  Mal Malestar Enfermedad (malemalesseremalattia)

 

La revista italiana Prima Persona dedica en este número su atención a la triada Mal Malestar Enfermedad para demostrar como el dolor del cuerpo es también dolor del alma.

 

Al mismo tiempo a través de la lectura de estos recorridos autobiográficos se intenta enseñar como, a menudo, las historias de enfermedades hacen emerger particulares fuerzas y determinaciones tal vez inesperadas. Lo que quiere expresar este número es como el sufrimiento se utiliza como camino para descubrir lo que se tiene en la interioridad: una fuerza que el individuo no conoce en su vida cotidiana.

Además, y sobretodo el particular intento de estas voces es mostrar como el escribir es una práctica con finalidad terapéutica y en que medida es valida. en este número se sobre si la escritura es catártica o no.

 

En el primer artículo el autor - Corrado Sannucci - se pregunta si escribir en un folio blanco “me muero” es un acto animoso. Puede ser. Pero se pregunta también si es un modo para el enfermo de ver la realidad con claridad o para alejarla a otro lugar. Sin duda no se trata de una cuestión fácil a desentrañar, porque es un terreno rico en ambigüedad y hasta en hipocresías. El autor rechaza el mito de que se dice la verdad cuando se está al borde de la muerte, porque siempre se miente.

 

Sería mejor usar la palabra “honestidad”. Corrado Sannucci dice como en la experiencia común escribir de la propia batalla es un pasaje a otra escritura. Las historias autobiográficas son, entonces, trozos de un puzzle más grande, son historias abiertas a la búsqueda de si mismo y también de los demás, porque los enfermos entran y  alteran la vida de quien los circunda.

Lo recurrente en estas voces es la idea de que el male di vivere opera como herramienta que cierra la mente y el cuerpo en un espacio metafísico oscuro y estrecho.

 

La condición existencial de Santuzza Lischi Coradeschi se anima por la memoria de los años de supervivencia a diario, hecha también de depresión que limita el vivir mismo. A ella le pareció que nunca en su vida había estado feliz, cada día esperaba la noche para dejar sus inquietudes. Después de 18 años Santuzza se despierta y toma conciencia de que todavía puede vivir en plenitud su vida.

 

Para Bruno Bonifacio escribir fue sin duda una terapia para luchar contra su mal interior y, además, para luchar contra la soledad. Bruno explica como al fin de su diario llega a la conclusión de que vivir no es sólo comer y dormir: vivir es hacer algo y para Bruno vivir fue escribir.

 

La vida de Giuseppe Vizzinoni cambió a causa de un accidente de moto ocurrido cuando tienia sólo diecinueve años: su biografía parece un guión cinematográfico, recalcado por recuerdos recientes. Un día lluvioso que nunca olvidará porque fue el trágico viaje que lo llevó a los veinte años, a despertar con una manta de dolor que lo mantuvo aferrado agarrado a la esperanza de caminar otra vez. Año tras año toma cuerpo la conciencia en el de que nada será más como antes y la esperanza deja lugar a una rabia mal ocultada, una rabia contra el mundo que mira hacia el pasado.

 

Berenice en sus cartas para la familia cuenta el lento calvario que la llevará al final de su vida, sola sin el calor de los padres, ingresada en un hospital lejos de su casa en los años de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo en sus palabras emerge el carácter de una mujer fuerte con una esperanza inquebrantable animada por una fe que le da una fuerza sobrehumana para sobrevivir a la que ella llama una “vida cómoda” hecha de rutina y soledad.

 

Escribir memorias de la enfermedad, para Violetta Calanca, enferma de un mal a la piel, reorganiza y da nueva forma a la experiencia desoladora que oscila entre las ganas de curarse y de abandonarse. Nueve años vividos entre las clínicas y la cama de su casa. La única persona que nunca la dejó es su anciana madre, los demás no querían hacer proyectos con ella y con  su piel cadente. Es un dialogo interrumpido con el mundo, que no entiende y que no quiere escuchar el sufrimiento.

 

Stefania Sabbadini es la autora del libro “Trenta Chili”, una historia de una anorexia que hunde sus raíces en un abuso sexual ocurrido en el seno de su familia. En este caso la escritura opera como posibilidad para dilatar la identidad en la cual había consumido su existencia. Con la palabra “fin” empieza otra historia y después de veinte años de no hacer nada. Stefania explica como la enfermedad es un don que crea uniones y relaciones: su rechazo por la comida también nace de una relación incompleta con la madre que no le ofrece las atenciones que su enfermedad necesita desesperadamente. Parece muy claro que los síntomas de la anorexia producen sobretodo la oportunidad de sustraer el cuerpo al dolor de la relación con los demás: tiene gana de desaparecer, de ser invisible. El no comer es una herramienta de control de las relaciones.

 

Lo que aparece muy claro, al final, es que para casi todos los personajes de estas historias contar y escribir es un modo para tomar conciencia de su propia enfermedad: como una luz que permite ver la calle de la curación.

 

Maria Lisa Dones

 Universitá di Palermo

 

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